Algodón marfileño: un sector estratégico ante el reto de la sostenibilidad

Históricamente uno de los pilares de la agricultura de Costa de Marfil, el sector algodonero atraviesa una fase de inflexión. Pese a su peso en las exportaciones y a un fuerte respaldo del Estado, la caída del número de productores, la volatilidad climática y tensiones estructurales plantean interrogantes sobre la capacidad del sector para consolidar un crecimiento sostenible a medio plazo.

El algodón sigue siendo un cultivo clave para la economía marfileña. Cuarto producto agrícola de exportación tras el cacao, el caucho y el anacardo, aporta cerca del 7 % de los ingresos por exportación y alrededor del 1,7 % del Producto Interno Bruto (PIB). Los ingresos anuales generados se estiman en casi 100.000 millones de francos CFA, con un impacto directo en miles de hogares rurales, especialmente en el norte del país, donde el algodón se integra en sistemas de rotación con cultivos alimentarios básicos como el arroz, el maíz y el cacahuete.

Sin embargo, la dinámica reciente de producción refleja una evolución contrastante. Tras un fuerte repunte en la campaña 2023-2024 —cuando la producción pasó de 236.183 a 347.922 toneladas, impulsada por una mejora notable de los rendimientos—, la temporada 2024-2025 mostró señales de fragilidad. La producción cayó un 10,6 %, hasta 311.147 toneladas, mientras que el rendimiento medio descendió a 873 kg/ha. Paralelamente, el número de productores bajó por debajo del umbral simbólico de 100.000, evidenciando una pérdida de atractivo del cultivo frente a los riesgos climáticos y económicos.

Desde el punto de vista institucional, el sector cuenta con una estructura relativamente sólida. Creado en 1974 con la CIDT, el modelo inicialmente estatal evolucionó hacia una mayor participación privada a partir de 1998. En la actualidad, seis empresas operan en el país, con una capacidad industrial total estimada en 605.000 toneladas y una red de 15 fábricas. Las reformas de 2013, que introdujeron zonas exclusivas de actividad y reforzaron el papel regulador del Consejo del Algodón, el Anacardo y el Karité, permitieron una recuperación progresiva tras la crisis sociopolítica, culminando en un máximo de producción de 539.623 toneladas en la campaña 2021-2022.

Ante la desaceleración reciente, el Estado ha optado por un refuerzo masivo del apoyo público. Para la campaña 2025-2026, la subvención al sector se ha más que duplicado, alcanzando los 25.300 millones de francos CFA. Este esfuerzo presupuestario busca reducir los costes de producción mediante ayudas a fertilizantes e insecticidas, así como garantizar ingresos mínimos con precios de compra fijados en 310 francos CFA/kg para el algodón de primera calidad y 285 francos CFA/kg para el de segunda. Medidas complementarias, como la mejora de caminos rurales y la logística, se inscriben en programas específicos orientados a fortalecer la competitividad del sector.

A largo plazo, las autoridades mantienen objetivos ambiciosos: alcanzar una producción de 600.000 toneladas de algodón en rama para 2030, con un rendimiento promedio de 1.250 kg/ha. No obstante, el logro de esta meta dependerá de la capacidad del sector para afrontar desafíos estructurales persistentes, como la presión de plagas, el impacto creciente del cambio climático y la proliferación de unidades artesanales informales que distorsionan los mecanismos de distribución establecidos.

En este contexto, el año 2026 se presenta como un punto de inflexión. Entre resultados productivos dispares y una movilización financiera sin precedentes, el sector algodonero marfileño se juega su capacidad para reconquistar a los productores y reafirmar su papel como motor económico del norte del país. Las II Jornadas Nacionales de Productores de Algodón y Anacardo, previstas para los días 23 y 24 de enero de 2026 en Yamusukro, serán una cita clave para redefinir las orientaciones estratégicas de un sector en plena búsqueda de nuevos referentes.

FUENTE: Abidjan.net