Cada fin de año, la capital de Burkina Faso revive el mismo escenario: largas colas, bombonas vacías y un suministro de gas butano insuficiente para cubrir la demanda. Lejos de ser un fenómeno coyuntural, la escasez recurrente de gas en Uagadugú revela fallos persistentes en la gestión del mercado energético doméstico, con efectos directos sobre los hogares y la actividad económica urbana.

Entre diciembre y enero, período marcado por el aumento del consumo debido a las festividades y a las condiciones climáticas del harmattan, el mercado del gas doméstico en Uagadugú entra sistemáticamente en tensión. La demanda se dispara, pero la oferta no sigue el mismo ritmo, provocando una penuria que ya se ha convertido en una constante anual.
Los puntos de venta de la capital se ven desbordados, las colas se multiplican y, en algunos barrios, la bombona de gas desaparece por completo durante varios días. Esta situación afecta de manera especial a los hogares de bajos ingresos, que se ven obligados a recurrir al carbón o la leña, encareciendo sus gastos y generando impactos negativos en términos de salud pública y medioambiente.
Sodigaz, actor dominante del mercado con cerca del 60 % de cuota, atribuye la escasez actual principalmente a la falta de cilindros vacíos disponibles para la recarga. Según su responsable de comunicación, Noraogo Sawadogo, una gran parte de los envases permanece retenida en los hogares, lo que limita la capacidad operativa de la empresa para abastecer regularmente el mercado. La compañía asegura haber adoptado medidas correctivas y prevé una normalización progresiva del suministro en los próximos días.
Más allá de esta explicación coyuntural, la recurrencia del problema pone de relieve deficiencias estructurales en la planificación y regulación del sector. En una ciudad en plena expansión demográfica, la ausencia de reservas estratégicas suficientes, una logística poco adaptada a los picos estacionales y una supervisión limitada del mercado favorecen desequilibrios recurrentes y prácticas especulativas.
Desde una perspectiva económica, la escasez de gas doméstico no solo afecta al bienestar de los hogares, sino que también incide en la productividad urbana y en la transición energética. Garantizar un suministro estable de butano es clave para reducir la dependencia de combustibles tradicionales, mejorar las condiciones de vida y sostener el crecimiento de la capital.
La situación plantea, por tanto, la necesidad de reformas más profundas: una mejor gestión del parque de cilindros, inversiones en almacenamiento, mecanismos de anticipación de la demanda y una comunicación más eficaz con los consumidores. Sin estas medidas, la escasez de gas seguirá siendo un lastre recurrente para la economía doméstica de Uagadugú y un símbolo de los desafíos energéticos del país.
FUENTE: Ecomatin