A pocas horas de un partido decisivo en la Copa Africana de Naciones 2025, la selección de Nigeria vuelve a evidenciar las fragilidades estructurales que afectan a varias federaciones africanas. La amenaza de un boicot por impagos de primas colocaba al equipo al borde de una crisis deportiva y reputacional, justo antes del duelo de cuartos de final frente a Argelia.

En este contexto, el capitán Wilfred Ndidi ha optado por una solución excepcional: asumir personalmente el pago de las primas pendientes a jugadores y cuerpo técnico si las autoridades no cumplen antes del encuentro. Más allá del gesto individual, la decisión revela un fallo de gobernanza que traslada responsabilidades institucionales al vestuario.
La medida busca preservar la estabilidad del grupo y evitar un escenario que habría tenido consecuencias deportivas, financieras y de imagen para el fútbol nigeriano. Un plantel distraído por conflictos salariales difícilmente puede competir al máximo nivel en un torneo continental, especialmente ante un rival de la talla de Argelia.
Desde una perspectiva de gestión, el episodio pone de relieve un problema recurrente: la dependencia de soluciones informales para resolver compromisos contractuales formales. Aunque la intervención de Ndidi refuerza la cohesión interna y el liderazgo del capitán, también subraya la ausencia de mecanismos financieros fiables dentro de la federación.
En el corto plazo, la iniciativa puede salvar el partido y proteger el rendimiento deportivo. A medio y largo plazo, sin embargo, vuelve a plantear una cuestión clave para el fútbol africano: la necesidad de separar el rendimiento deportivo de las improvisaciones financieras, garantizando marcos claros de pago, transparencia y responsabilidad institucional.
Si Nigeria logra avanzar en el torneo, lo hará no solo por su talento en el campo, sino también por la capacidad de su capitán para contener una crisis que nunca debió llegar al vestuario.